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dissabte, 1 de desembre del 2018

San Borondón. La playa




Estamos en la isla de San Borondón. Fondeamos ayer delante una pequeña playa casi anocheciendo. La llegada hasta aquí fué complicada.

Son las 5 de la mañana. Café con leche caliente preparado por Esther. Es mi turno de guardia hasta las 8, momento en que todos se despiertan y desayunamos. La noche ha transcurrido tranquila. No hemos escuchado tambores de guerra a lo lejos. No hemos visto ni una luz, ni ruidos. Nada.

Con la taza calentita en mis manos me pongo al dia: Niebla. Viento de 8 nudos proveniente de tierra. 22ªC, presión estable a 1008 milibares. Baterías 12.72v. Las brújulas no funcionan. Los GPS buscando satélites sin éxito. Silencio en la radio. Detrás del Navtex (que tampoco recibe), la estampita de La Virgen del Carmen. La miro a los ojos y le doy las gracias por estar vivos e indemnes.



Las imágenes de ayer martillean mi cabeza: los naufragios, las rocas a tocar, el oleaje que empujaba el barco, los bajos, la niebla, los gritos.

Estamos a 80 m. de la orilla, 142 m. de los bajos de la entrada i unos 800m, del terrorífico estrecho que cruzamos para entrar aquí. Tomamos estas medidas ayer con un artilugio laser durante el fondeo.

Empieza a clarear. Es impresionante. Digno de una isla misteriosa. Voy a por los prismáticos:

Esta pequeña playa es el final de un torrente convertido en una especie de cañón. Una grieta que penetra hacia el interior de la isla, pero tiene una pared de selva de aspecto impenetrable. Alrededor de la "playa" unas paredes de roca conforman una pequeña bahía, muy vertical.

La entrada a la isla desde el barco.


El desayuno transcurre en silencio. Creo que todos estamos medio en estado de shock después de la jornada de ayer. Les comento lo de la Virgen.

Nos ponemos en acción: Primero hay que asegurar el fondeo y dejar el Avenger listo para huir (como siempre que fondeamos).

Zodiac al agua y chapuzón. Ancla bien enterrada y sin obstáculos sumergidos. Pasamos media hora mirando la zona de borneo en busca de bajos y otros problemas potenciales. Luego comprobación del material de cubierta, estiba, niveles motor, sistemas eléctricos... todo ok.
Tenemos comida para 5 semanas, unos 200 l. de agua en los tanques y 50 l. mas en garrafas: 50 días a 5 litros/dia para los tres.

Comemos spaghetti con salsa de tomate enriquecida por nosotros con atún de lata, y un sofrito de ajo y cebolla. Cava a modo celebración. Café, nos relajamos y planeamos el desembarco a tierra (que parece fácil).

Viendo los restos de barcos hundidos, es muy probable que haya ratas (por desgracia esta es una huella típica del paso de los humanos en las islas desiertas), y si estan hambrientas pueden ser muy agresivas. No tenemos armas, pero nos vamos a llevar el machete. Además del machete, un par de cervezas, algo para picar, cámara fotográfica, tabaco, linterna, etc... Todo ello metido en una bolsa estanca. Estaría muy bien acceder al interior de la isla, pero la idea principal es hacer nuestra la playa. Vamos.

Desembarcamos con facilidad. El enjambre de rocas y arrecifes "deshacen" el oleaje. Estamos en tierra después de 5 días.
Dejamos la zodiac muy cerca del agua, anclada en la arena por si la marea sube. Proa mirando al agua para poder huir rápidamente.
Nos quedamos unos minutos allí mismo vigilando en todas direcciones. ¿Ratas, perros salvajes o... algo? No. Nada. En lo alto del risco tampoco.

El sol de la tarde entra por el cañon. Parece una invitación al paraiso, y vamos allá, hacia la luz, En pocos metros la vegetación se convierte en un muro infranqueable y entonces encontramos en la pared de roca una hendidura con una cruz en su interior. Como una capilla. Construida con un palo y un hueso atados entre si con unas fibras vegetales.


Imposible tener una idea de su edad, aunque tiene polvo acumulado. Recordando los naufragios avistados ayer lo puedo entender... aunque no me parece una idea muy moderna. O tal vez su origen es de los nativos de la isla. Los relatos de los antiguos visitantes hablan de una gran cruz en una gran bahía...

Decidimos seguir explorando la playa. Yo voy a mear y me dirijo hacia la selva para ello.
A media meada oigo un crepitar de hojas como un paso a pocos metros de mi, detrás de la maleza. La meada se corta en seco. Me quedo parado, congelado. El corazón en un puño. Tal vez alguien nos espía tras la maleza.

Retrocedo intentando no hacer ruido. El maldito machete se ha quedado en la zodiac! Hago señas a los otros indicando que se callen y se dirijan a la embarcación. "He oido un ruido!" Les susurro. Embarcamos y nos piramos hacia el Avenger. Anochece.